Dichas del Casado Primero

«Padre Adán, no lloréis duelos;
dejad, buen viejo, el llorar,
pues que fuistes en la tierra
el más dichoso mortal,
De la variedad del mundo
entraste vos a gozar,
sin sastres ni mercaderes,
plagas que trujo otra edad.
Para daros compañia
quiso el Señor aguardar
hasta que llegó la hora
que sentistes soledad.
Costóos la mujer que os dieron
una costilla, y acá
todos los huesos nos cuestan,
aunque ellas nos ponen más.
Dormistes, y una mujer
hallastes al despertar;
y hoy en durmiendo un marido
halla a su lado otro Adán.
Un hijo sólo os vedaron,
sea manzana si gustáis,
que yo para comer una
Dios me lo había de mandar.
Tuvistes mujer sin madre,
grande suerte, y de envidiar;
gozaste mundo sin viejas
ni suegrecita inmortal.
Si os quejáis de la serpiente
que os hizo a entrambos mascar,
cuánto es mejor la culebra
que la suegra, preguntad.
La culebra, por lo menos,
os da a los dos que comáis;
si fuera suegra, os comiera
a los dos, y más y mas.
Si Eva tuviera madre,
como tuvo a Satanás,
comiérase el Paraíso,
no de un pero la mitad.
Las culebras mucho saben,
mas una suegra infernal
más sabe que las culebras,
así lo dice el refrán.
Llegaos a que aconsejara
madre deste temporal,
comer un bocado solo,
aunque fuera rejalgar.
Consejo fué del demonio,
que anda en ayunas lo mas,
que las madres de un almuerzo
la tierra engullen y el mar.
Señor Adán, menos quejas,
y dejad el lamentar;
sabé estimar la culebra
y no la tratéis tan mal.
Y si gustáis de trocarla
a suegras de este lugar,
ved lo que queréis encima,
que mil os la tomarán.»
Esto dijo un ensuegrado,
llevándole a conjurar,
para sacarle la suegra
un cura y un sacristán.
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